Le estaba mirando, de eso estaba segura. Llevaba haciéndolo desde el primer instante, notaba sus ojos firmemente clavados en su escote. De vez en cuando la mirada recorría su figura, del pecho a la cadera. No necesitaba mirarse para reconocer a la perfección hacia dónde enfocaba la mirada del pervertido.
Estaba petrificada. No podía sino contar para sí los pisos que faltaban para llegar a su destino. 12… 13… 14… Aún faltaban unos 10, y él no paraba de mirarla. Tenía una barba desarreglada, de estas que la gente se deja para darse un aspecto desenfadado. Y un maletín. A saber qué llevaba en ese maletín. A saber qué le haría con las cosas que llevaba en ese maletín.
20… El hombre carraspeó, e hizo ademán de moverse para decirle algo. Ella se paralizó todavía más. Presumía de ser emprendedora, de no amilanarse nunca. Presumía de que le daba igual no tener ni cinco minutos para disfrutar de su desayuno, que todo lo que importaba era que su vida laboral era perfecta. Y ahora no era capaz ni de darle al botón de emergencia. Si no se hubiera puesto de espaldas al espejo, podría controlar sus movimientos…
¡Ding! 25
-Yogur- le dijo el hombre, mientras ella salía con paso apurado.
-¿Perdón?
-Yogur. Tienes yogur en la ropa.
Se miró en el espejo del ascensor, sin dar crédito a lo que veía. Una gran mancha de su apurado desayuno de la mañana le recorría desde el pecho hasta la cadera.
[Benditos talleres de escritura del Multiverso!]
martes 17 de noviembre de 2009
martes 27 de octubre de 2009
Falsa Alarma
El sol vuelve a brillar.
Lo cual desde un sentido metafórico es magnífico. Pero desde el sentido real, de mis ganas de invierno, no me gusta.
Aunque he de decir que es una buena noticia para mi pelo, que desde mañana no volverá a ser el mismo...
Lo cual desde un sentido metafórico es magnífico. Pero desde el sentido real, de mis ganas de invierno, no me gusta.
Aunque he de decir que es una buena noticia para mi pelo, que desde mañana no volverá a ser el mismo...
jueves 22 de octubre de 2009
Se acerca el invierno.
Un invierno de los de verdad. De esos inviernos en los que la lluvia te cala hasta el alma y el viento silba en tu oído. Un invierno de humedad y frío. De botas y ropa de abrigo. Un invierno de los que hacía años que mi ciudad no veía. Mi ciudad, donde la lluvia - decían - era un arte, que se ha acostumbrado a tener su piedra seca y el cielo azul.
Echaba de menos unos buenos nubarrones grises, la lluvia sobre mi pelo y mis hombros, y tener que proteger mi carpeta del agua.
No sé si permanecerá así durante estos meses o si volverá a ese clima inseguro de los últimos años.
Pero en cualquier caso, se acerca el invierno, como dicen los Stark. Y lo cierto es que lo echaba de menos.
Echaba de menos unos buenos nubarrones grises, la lluvia sobre mi pelo y mis hombros, y tener que proteger mi carpeta del agua.
No sé si permanecerá así durante estos meses o si volverá a ese clima inseguro de los últimos años.
Pero en cualquier caso, se acerca el invierno, como dicen los Stark. Y lo cierto es que lo echaba de menos.
martes 29 de septiembre de 2009
Nocturnidad
No me gusta forzar las palabras. Prefiero que se esparzan ellas solas cuando les da la gana. Imagino que ese es el motivo de que sea tan poco prolífica literariamente hablando. Al menos para mi gusto. Me permito caprichos, y dejo que mi huella no sea más que pequeños textos inconexos, divagaciones y cortas reflexiones nocturnas. Al contrario que alguna otra época del pasado, me he dejado llevar por la satisfacción momentánea de un par de frases bien puestas, en vez de centrarme en planteamientos, nudos y desenlaces.
Últimamente la cosa ha cambiado ligeramente. Me han prestado unos prismáticos y a lo lejos veo aquello que quiero ser. A veces para definirse a uno mismo como individuo es necesario rodearse de gente que comparta esa faceta que le hace a uno diferente a los demás, aunque sea de forma cibernética.
Aunque en ocasiones sigo dando rienda suelta a mis caprichos, porque a fin de cuentas, la nocturnidad no es tan mala, y en ocasiones se pueden llegar a crear verdaderas maravillas.
Aunque esta vez, por supuesto, no se ha dado el caso.
Últimamente la cosa ha cambiado ligeramente. Me han prestado unos prismáticos y a lo lejos veo aquello que quiero ser. A veces para definirse a uno mismo como individuo es necesario rodearse de gente que comparta esa faceta que le hace a uno diferente a los demás, aunque sea de forma cibernética.
Aunque en ocasiones sigo dando rienda suelta a mis caprichos, porque a fin de cuentas, la nocturnidad no es tan mala, y en ocasiones se pueden llegar a crear verdaderas maravillas.
Aunque esta vez, por supuesto, no se ha dado el caso.
jueves 24 de septiembre de 2009
sábado 12 de septiembre de 2009
Neltil
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Tomar entre sus manos el Neltil del cuello se había convertido a estas alturas un acto casi reflejo. Miró sus manos durante unos instantes. Una fugaz visión le hizo pensar que estaban sangrando. Ahogó un grito. Nille dirigió su rostro hacia ella, inquiriéndole con la mirada.
-Nada. No ha pasado nada.
Sus manos seguían níveas e intactas. Como siempre.
.
Tomar entre sus manos el Neltil del cuello se había convertido a estas alturas un acto casi reflejo. Miró sus manos durante unos instantes. Una fugaz visión le hizo pensar que estaban sangrando. Ahogó un grito. Nille dirigió su rostro hacia ella, inquiriéndole con la mirada.
-Nada. No ha pasado nada.
Sus manos seguían níveas e intactas. Como siempre.
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lunes 31 de agosto de 2009
Flash
Y de pronto, como un flash, recuerdo pequeños momentos. Quizá el sordo rumor de una prenda de ropa cayendo al suelo, quizá una frase susurrada al oído, quizá una mirada de unos penetrantes ojos verdes.
Y entonces me estremezco y te echo (todavía) más de menos.
Y entonces me estremezco y te echo (todavía) más de menos.
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